La ven pasar de esquina a esquina, su caminar los hombre miran, su juventud quieren tener, ella la ofrece no importa a quien. De un coche azul se abre la puerta, sin titubear ella se acerca, es un señor, se va con él, indiferente la vida pasa.
Y ella escribe en sus cartas a su familia, que es secretaria del jefe de una oficina, que es un trabajo muy bueno, todos la quieren, que va a enviar un dinero el mes que viene, que extraña mucho a todos y que los quiere.
La ven pasar de madrugada, su juventud se ve cansada, la realidad, su soledad, indiferente la vida pasa.
José José
viernes, 20 de junio de 2008
jueves, 5 de junio de 2008
Lima
- ¿Cuánto hasta el Ministerio de Transportes?
- S/. 15.00
- Mucho, pago S/. 12.00
- Mmm bueno, vamos
Empieza la travesía de cruzar Lima, desde la Av. Javier Prado (altura de San Borja) hasta el centro de Lima. Lo primero, en la Av. Bailety aparece en el cruce de una calle un auto cuyo chofer no escatima en siquiera frenar y mirar antes de entrar a la avenida, la pericia del taxista logra esquivar el choque que parecía casi inevitable. Más adelante en la Av. Canadá, estando a punto de adelantar a una camioneta en marcha, repentinamente se abre la puerta de su chofer y nuevamente, gran pericia para impedir el casi inevitable accidente. Nervios de punta. Entrando a la Av. México, un ciclista despistado casi nos enviste, se salvó de morir. Más adelante, en la Av. Iquitos un camión destartalado lleva una gran cantidad de madera a punto de caer hacia el lado izquierdo, ante la mirada indiferente y displicente de un policía de tránsito, el taxista lo adelanta por el lado derecho por precaución a no morir aplastados. Continúa la carrera de obstáculos, sorteando los innumerables huecos que adornan las calles del centro de Lima. Intuyo que por no quedarse atrás, el chofer hacía lo propio para demostrar a no se quién y no se cuántos que era un maestro del volante, como él ninguno, casi chocamos tres veces por acelerar donde no debía y por pasar dos semáforos cuando ya la luz estaba en rojo. Finalmente, llegamos a nuestro destino, “sanos y a salvo”, hoy no pelona. Me digo a mi mismo, mañana tomaré una combi más temprano –las llaman asesinas- ¿será la alternativa apropiada?
- S/. 15.00
- Mucho, pago S/. 12.00
- Mmm bueno, vamos
Empieza la travesía de cruzar Lima, desde la Av. Javier Prado (altura de San Borja) hasta el centro de Lima. Lo primero, en la Av. Bailety aparece en el cruce de una calle un auto cuyo chofer no escatima en siquiera frenar y mirar antes de entrar a la avenida, la pericia del taxista logra esquivar el choque que parecía casi inevitable. Más adelante en la Av. Canadá, estando a punto de adelantar a una camioneta en marcha, repentinamente se abre la puerta de su chofer y nuevamente, gran pericia para impedir el casi inevitable accidente. Nervios de punta. Entrando a la Av. México, un ciclista despistado casi nos enviste, se salvó de morir. Más adelante, en la Av. Iquitos un camión destartalado lleva una gran cantidad de madera a punto de caer hacia el lado izquierdo, ante la mirada indiferente y displicente de un policía de tránsito, el taxista lo adelanta por el lado derecho por precaución a no morir aplastados. Continúa la carrera de obstáculos, sorteando los innumerables huecos que adornan las calles del centro de Lima. Intuyo que por no quedarse atrás, el chofer hacía lo propio para demostrar a no se quién y no se cuántos que era un maestro del volante, como él ninguno, casi chocamos tres veces por acelerar donde no debía y por pasar dos semáforos cuando ya la luz estaba en rojo. Finalmente, llegamos a nuestro destino, “sanos y a salvo”, hoy no pelona. Me digo a mi mismo, mañana tomaré una combi más temprano –las llaman asesinas- ¿será la alternativa apropiada?
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